El precio de la góndola, recalculado todos los días
Una cadena de retail competía contra rivales que cambiaban los precios a mano, una vez por semana, mirando tres o cuatro sucursales. Nadie en el sector sabía qué estaba pasando ese mismo día con el precio de un producto en el resto del país. Ellos tampoco.
Qué construimos
Primero, lo que no tenía nadie: el precio de cada producto, todos los días, en todos los supermercados del país, sucursal por sucursal. Sobre esa base, forecasting de demanda y pricing dinámico — modelos que aprenden cómo reacciona la gente a cada cambio de precio y anticipan cuánto se va a vender la semana que viene. Ese pronóstico es el que después ordena el demand planning: cuánto pedir, cuándo y a qué sucursal mandarlo. Y encima, algo para el que hace las compras: un bot al que le mandás la lista y te dice en qué tienda te conviene comprarla, con qué reemplazar lo que no está, y sin mandarte más lejos de lo que estás dispuesto a ir.
Por qué fue un umbral
Cuando el resto del sector se puso a mirar precios en tiempo real, el cliente ya llevaba dos años guardando los suyos: sabía cómo había respondido la gente a cada cambio, y los demás recién empezaban a averiguarlo. La ventaja nunca fue la herramienta que junta los precios, esa la compra cualquiera. Fue el archivo, y el archivo no se compra.